lunes, 8 de diciembre de 2014

DESDE EL "CONUNTRY SUR" I

 Una vez más enfrentándome a una página en blanco, pero hoy la busco porque tengo algo que contarle; bueno, acá vamos.


Hoy, domingo 7 de diciembre, he llegado a casa desde el 20 de Julio o “el country sur” de mi ciudad Bogotá; con unas cuantas compras humildes que hice entre el tumulto de gente y una cantidad de puestos ambulantes. El clima toda la mañana amenazó con una constante llovizna que tenía a todo el mundo con “el santo en la boca”, me incluyo, el santo se lo atribuyo al sentimiento de lástima que produce la dependencia “domingo a domingo” de la gente que trabaja en las calles contiguas a la iglesia del “Divino Niño” o como yo la llamo la Iglesia del 20 de Julio pues, el sustento semanal de esos vendedores depende del clima que el divino niño depare cada ocho días para ellos y de quien grite más duro “a cinco, a cinco a cinco lo que escoja”, la verdad es que esta mañana la definición que yo tenía de estos ambulantes se limitaba a que son lógicamente producto de un mal sistema y que de una u otra forma son una buen dibujo de pobreza.


Cuando me dirigía a mi hogar ubicada un poco más al noroccidente de la ciudad mi última compra fue una instalación de luces; nos dirigimos a tomar el bus común al frente de la estación de trasmilenio, mi mamá y yo nos subimos por un “linche” de dos mil pesos por la puerta trasera. El bus no iba tan lleno, tomamos puesto y media cuadra más adelante se subió una señora que revelaba 55 años devolviendo el torniquete, agradeció al conductor y se dirigió a los 15 pasajeros que íbamos en el bus; mi mamá iba con dolor de garganta, colocó un saco en mi hombro, se recostó en el y dijo “¡agh, que no jodan!”, por mi parte no diré que sentí alegría pero hoy venía de buen humor. Me quedé callada ante su exclamación y me dirigí a escuchar.


Intentaré decir las palabras textuales de la señora, no saben cómo desee tener un cuaderno y un lápiz o una grabadora medio minuto después de que empezó a hablar, lo único que les aseguro es que tal vez quitaré palabras pero no las agregaré, tengo una serie de la palabras en mi cabeza que no olvido he intentaré hace un tipo de escrito dadaísta  << ¡hay no qué vergüenza! Primero que todo, que pena venir a su ciudad a incomodarlos, la verdad en mi campito nunca me imaginé estar en estas, a una que le toca soportarse las cosas por la injusticia que hay en nuestro país; bueno sumerce, la verdad es que llevo ya tiempito en la cuidad y hasta hace tres o cuadro diítas me decidí por hacer esto, pues una de las personas que conocí por estos lares me dijeron que me arriesgara a contar lo que me estaba pasando que yo no tenía la culpa. Yo vivía en Caquetá, en el municipio hermoso de Villa Nueva con un poco de mis chinos, mi esposo y hace mucho tiempo mi papá, lamentablemente dicen que es donde está uno de los primeros frentes de esos jedionchos de la guerrilla; esos hijuemadres cuando se les da por pasar hacen lo que se les da la gana, a veces vienen 100, 200 o hasta 300 de esas porquerías a jodernos la vida y a uno le toca alojarlos en la casíta el tiempo que a ellos se les de la gana porque si nada mas así eso llegan y vuelven todo una nada, las vaquitas, las gallinitas, esos hijuepuercas no dejan es pero nada, y eso cuando mi esposo trataba de hacer algo eso me lo violentaban, así perdí a mi apá hace como unos 8 años además, eso cuando pasaban esos tales “paracos” “parayonosequé” y el ejército eso a uno le tocaba hacer pasar a esas porquerías es guerrillos por trabajadores porque si no eso se arma ahí una matazón muy jedioncha; en Villa Nueva esas porquerías tenían la maña de que cuando llegaban y “no dejaban títere con cabeza” y eso no podían ver a un chinito de 8 o 9 añitos y en cuanto podían cargar un fusil se los arrastraban a enseñarles porquerías y eso dejaban a la mama vuelta una nada. En uno de esos días llegaron esos “sin-almados” disque a mis dos hijos menores, los grandulones de mis hijos no estaban y entonces al papá se metió a que no se llevaran a ninguno y al frente de todos le pusieron un fusil en la cabeza y hasta ahí fue “mi amorsito”, eso ellos llegan y matan campesinos y eso se les da igual, eso para ellos es como botar un papel sumercé, entonces esos mugrosos me dijeron que si no me largaba de mi campito en dos días eso venían y acababan con lo poquito que me quedaba; esa misma noche, sin que se dieran cuenta me toco coger a mis grandulones “y irme” con otra familia del lado que los tenían amenazados también. Llegue a la capital a dormir debajo de un puente, me dejaron sin mis dos hijitos, sin mi apá y sin mi marido; eso después me dijeron una gente que me “drigera” yo no sé “a onde” y hablara y yo no sé qué, al otro día me fui pa allá con mis grandulones y me dieron un tal papel prometiendo diciendo una cosa otra, que casita que yo no sé qué y esta es la hora en la que nada y a esos desgraciados que se les está dando que por salirse de la guerrilla y que disque los van a perdonar y le van a dar trabajito y a uno ¿qué?. 


Bueno señores de la capital, que vergüenza con ustedes, yo sé que esto no es su culpa, y a mi otra vez se me cae la jeta de la vergüenza, pero hoy, quiero que yo y mis hijos volvamos a saber que es una cena decente, y si se acuerdan de nosotros prendan una velita hoy al divino niño y recen por mi señores, muchas gracias>>


Yo tenía la dicha o la desdicha de estar muy cerca a ella y creo que fui la única persona que tuve la oportunidad de escuchar con mayor claridad lo que decía, pues estaba atajada por el llanto y tenía un hablado campesino muy marcado. Ella se dirigió a recibir las colaboraciones de los 20 pasajeros que ya habíamos, no olvido sus gestos y su cara de agradecimiento a las primeras monedas que le dieron; en su trayecto a la puerta no dejo de poner a su dios en sus frases, se bajó en la 1° de mayo y la perdí de vista al instante. Mis ojos no podían evitar las pocas lágrimas de un coctel de sentimientos, me entristecí, pero le agradecí al dios que ella tanto mencionaba porque en el momento en el que ella se subió mis emociones estaban felices y tuve la oportunidad de sentir algo por la situación. Mi mamá se levantó de mi hombro, y para intentar ocultar los ojos aguados y las ideas bacías le pedí el favor de que me pasara mi celular con vos entrecortada, se negó por la inseguridad del bus.


10 cuadras más abajo (no sé si hago bien las cuentas) un semáforo detuvo el bus en uno de los hospitales más viejos de Bogotá, el hospital San Juan de Dios, el lugar me dejó dos imágenes y dos impresiones. Tenía las emociones más estabilizadas y las ideas más claras con tan solo mirar a la ventana durante el trayecto, aunque el panorama tampoco fue muy alentador, pasé por el “madrugón” y vi en mismo panorama que viví en el 20 de Julio, pasaron 25 minutos desde que me subí al bus y Cuidad Gótica no mejoraba. Al detenerme en el semáforo y ver un lugar gigante pintado en su parte exterior con un verde agua marina un poco más oscuro de lo normal debido a la humedad, descarapelado dejando ver un color blanco puerco, con alrededor de tres pisos de altura y ventanas en cantidad por cada nivel, enrejadas y oxidadas me entró un miedo espiritual asqueroso en todas sus formas; el bus avanzó unos cuantos metros más y logré observar en medio del trancón una entrada muy pequeña habilitada, la cual me permitió observar que en la parte interna se encontraban tres sillas en posición vertical y tres en forma horizontal separadas por una ventanilla de atención, todas estaban ocupadas, pero solo recuerdo a una señora embarazada a y a un señor con una bufanda a líneas de colores y un tapabocas con la cabeza inclinada hacia atrás, el lugar era como de 2x2, en este misma posición logre ver que decía CARRERA 10° por eso hago cuentas despectivas e ignorantes, aun no conozco bien la cuidad y también logre mi segunda impresión, nosotros no vivimos en un tiempo perfecto nosotros solo vivimos de forma perfecta por un tiempo, por lapsos de segundos o máximo por lapsos de horas.


 Luego de 50 años que tienen las FARC, de 291 años del hospital San Juan de Dios, de muchos 20 de Julio, de 25 minutos en el bus nuestro tiempo de colombianos no mejora ¿será un castigo por ser el único país que llena una noche de velitas?, ¿será porque desde 160 años prendiendo velitas y lo único que hemos hecho para detener la guerra es pedir un deseo entre tantas velas para que el divino niño o la Inmaculada Concepción acaben con la miseria? (…)


Dnz


II

(…)

1 comentario:

Cristian Camilo dijo...

Por mi parte no puedo afirmar ser ejemplo de nada y quizás de nadie por eso no puedo ser hipócrita y pasar de largo sin comentar un texto que refleja tanto el día a día de un bogotano promedio, si algo hoy me queda claro después de leer este texto es la certeza de mi corazón gritando al aire en este momento, triste la realidad plasmada en tu texto que dramatiza muy bien el dolor y ese "Coctel de sentimientos" del que hablas. ¿Puede alguien no imaginar a la persona dela que hablas sin incluso conocerle?
Se puede sentir un vació que recorre tu garganta y que hace un nudo que te deja fácilmente sin habla.
No se si felicitarte o regañarnos a todos.
Gracias pro crear una gotita de conciencia en quienes te estén leyendo.